EL AMOR ROMÁNTICO: CURIOSIDADES Y TRUCOS

Seguramente hayas oído hablar del “mal del amor”, esa enfermedad que te deja fuera de juego, que te quita las ganas de todo y que hace que estés como ausente todo el tiempo, esa enfermedad abstracta que suele afectar sobre todo a los adolescentes y a las personas enamoradas. Pues si, el “mal del amor” se conoce desde la antigüedad aunque en la actualidad no está tan garantizado que sea una enfermedad, por eso hoy conocemos de donde proviene el “mal del amor”. Como siempre espero que sea de vuestro interés y que os guste.



La verdad es que el "mal de amor" existe y ha existido en todo tiempo y en todos los países, se conoce como un mal físico y psíquico que afectaba solamente a las mujeres, especialmente a las jóvenes y bellas. Una epidemia que unía la inapetencia por los alimentos a una desgana por la vida, de modo que a la enferma le faltaba la alegría de vivir y emprender cualquier tarea por pequeña que fuese. En definitiva la paciente se dejaba morir poco a poco.

Todos los libros de Patología han dedicado muchas páginas a esta enfermedad que se presenta en las jóvenes vírgenes y que desaparece al casarse o madurar.

A veces las enfermedades son las mismas pero los nombres y su sintomatología varía con los tiempos, así el “mal del amor” es conocido desde la antigüedad, ya que en escritos antiguos se habla de una febris amatoria o icterus amantium como enfermedad producida generalmente por el amor contrariado, HIPOCRATES y GALENO ya hablaban de ellos. MEIGE cita a autores como Varandal, Lafare Rivière, Sennert y otros que atribuían la patogenia a trastornos menstruales, pero no será hasta el s. XVII cuando VARANDAL o VARANDAEUS, de Montpellier, la bautiza en 1620 con el nombre de clorosis.

La sintomatología de esta enfermedad es polimorfa, variada, pero los síntomas siempre presentes en esta enfermedad eran languidez, tristeza, ganas frecuentes de llorar, palidez del semblante y de los labios, dolores de cabeza, desgana de hacer nada, excepto pasarse el tiempo tendida en posiciones que variaban desde recostar la cabeza a cambiar de postura continuamente.
En cuanto al tratamiento, se decía que ciertas plantas  poseían la virtud funesta al amor, como la ruda (Ruta graveolens) que se utilizó mucho y aún se usa en muchas partes de Europa y América contra las crisis de histeria y el alcanfor (Laurus camphora) utilizado como cardiocinético.

Por eso como tratamiento se prescribía "un régimen sobrio y refrescante de lacticinios, tisana de cebada, raíces de nenúfar, semillas de Agnus castus, ejercicios corporales, distracciones sanas y viajes". Además se prohibía todo cuanto podía agravar el mal, tal como las carnes, los vinos generosos, los alimentos con especias.

Pero, el mejor remedio era...el matrimonio y sobre todo, el embarazo, que ejercía una influencia muy beneficiosa en las clorosis. Probablemente por estas razones se llamó a la clorosis "santa enfermedad" porque se presentaba únicamente en las vírgenes. También era más frecuente en los países húmedos y fríos como es el caso de los Países Bajos.

Sin embargo, la civilización moderna terminó con la enfermedad, los grandes clínicos del s. XX estaban de acuerdo en afirmar que ya no se encontraban casos de esta enfermedad, y que para enterarse de lo que era hay que buscar en los libros antiguos.

Aunque en verdad todavía se veían casos en la primera decena del s. XX y varios hematólogos, encontraron esta enfermedad diagnosticada muchas veces a través de anemias hipocrómicas asociadas con trastornos menstruales. Sin embargo, no tenían todas las características descritas por los clásicos, por lo que comenzaron a llamarla "seudoclorosis".

Posteriormente, cuando los medios de diagnóstico mejoraron, los diagnósticos fueron más precisos, haciéndose aparentes diversas infecciones latentes que actuaban sobre el sistema hematopoyético, especialmente sobre el metabolismo de la hemoglobina, como por ejemplo la tuberculosis.

Así es muy probable que muchas de las enfermedades calificadas de cloróticas, o “mal de amor”, fuesen tuberculosis con sus febrículas vespertinas que eran diagnosticadas de "fiebres cloróticas". Se hablaba incluso de una "tos clorótica" que no era más que la tos de los tuberculosos, todo lo cual se acompañaba de síntomas neurovegetativos. Además estudios minuciosos demostraron que la tuberculosis afectaba con mucha frecuencia al aparato genital, especialmente a los ovarios.


Pero no solo era la tuberculosis la causante del “mal del amor”, también las afecciones del tiroides podían ocasionar sintomatología clorótica por su relación con el metabolismo de la hemoglobina, como las alteraciones de las cápsulas suprarrenales (hipofunciones corticales), que se acompañan de pigmentaciones anormales, discromías. Por supuesto, la alimentación deficiente o incorrecta podía ocasionar alteraciones cloróticas.

Así, la clorosis y su origen o consecuencia podemos hoy incluirlos en la mitología de la Patología Médica, entre los objetos de Museo. Y eso a pesar de que haya sido motivo de inspiración para tantos poetas y especialmente pintores que reflejaron en sus lienzos, no las enfermas de "mal de amor" sino a las tuberculosas de su tiempo que también tuvieron derecho a enamorarse de amores imposibles. A pesar de todo todavía existe el "mal de amor" ¿no crees?

Fuente: http://www.gorgas.gob.pa/museoafc/loscriminales/paleopatologia/mal%20de%20amor.html
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